SIN POTENCIAL QUÍMICO


Un habitante de Prêles aplica con éxito terapias suaves de cara a su minusvalía.

Traducción de Antonio-J. Barranquero


"No tomo ningún medicamento y menos aún con una composición química de la que nadie conoce los efectos secundarios" -Marcel Bärtschi anuncia así de seguro su parecer. Estadísticamente, a los 31 años, este programador informático de Prêles debiera estar muerto desde hace 5 años. La esperanza de vida dejada por la ataxia de Friedreich es corta para los afectados.

Esta enfermedad degenerativa, poco difundida, transmitida genéticamente, afecta de una a dos personas de cada 100.000. Alrededor de cien casos en Suiza. La ataxia de Friedreich se manifiesta generalmente en la infancia: en torno a los cinco o seis años.

Reconocido: No existe ninguna terapia. No obstante, se ha conseguido ciertos resultados positivos con un medicamento paliativo, llamado Mnesis, previsto para curar trastornos geriátricos. Este producto no está registrado en Suiza. Por falta de rentabilidad, se ha considerado la suspensión de su producción en Japón. Mnesis se vende en los mercados italiano y sudamericano. Se puede obtener por Internet.

Pero para Marcel Bärtschi no ha habido tratamiento. "De niño sufría trastornos de equilibrio, después he tenido dificultades para caminar. ¡No había medicamentos!". Luchando contra viento y marea, Marcel Bärtschi rechaza el caparazón de protección que se teje a su alrededor; incluso hizo un aprendizaje de mecánica.

En la búsqueda de una solución, toma el camino de las medicinas alternativas: "Acudí dos veces a Inglaterra, tras una terapia mundialmente conocida. El efecto positivo de la asistencia médica duraba tres meses. Pero la semana en Inglaterra me salía a más de 6.000 francos, sin ningún subsidio del seguro de enfermedad" -dice Marcel.

Zen: "Fue a mi vuelta de más allá del canal de la Mancha cuando descubrí el Reiki" -confiesa risueño Marcel Bärtschi. Por suerte, la terapeuta a la que consulta vive en Seeland. El estado del paciente Marcel Bärtschi mejora en cada sesión semanal, sus dificultades de elocución se atenúan. Animado por la voluntad de acceder a un máximo posible de autonomía, se abre a esta disciplina paramédica de origen japonés que cuenta con cuatro niveles de formación.

A pesar de su minusvalía, su motivación y su habilidad le permiten acceder al diploma de tercer grado: "Hago una hora y media de Reiki al día. Esta práctica me ha enseñado a ser positivo, a convencerme de hasta dónde puedo gracias a la autosugestión" -nos dice. Para él, este arte es un catalizador que le permite liberar sus propias capacidades de regeneración.

Esperanza: "Mi segundo punto de apoyo es el estiramiento muscular" -explica Marcel Bärtschi-. "Tengo más tono muscular, más fuerza, y estoy en mejor forma física que hace diez años".

Convencido de que es necesario mantenerse en forma, multiplica las actividades. Ayuda a la hija de su mujer a hacer sus deberes, se ocupa del jardín, devora obras sobre hipnosis y telepatía.

Se complace de nombrarlas: "mis terapias gratuitas". En el fondo, Marcel Bärtschi quiere dar esperanzas a otros enfermos y a sus familiares. "A mis 35 años, cambio las cuatro ruedas de mi silla de ruedas por las de un automóvil: quiero pasar mi permiso de conducir" -comenta en última nota de humor